Vianey Hernández
Villada;
Fes Zaragoza UNAM, PSICOLOGÍA

Fuiste el sueño que surgió dentro del nítido velo de
mi corazón: ahora
eres lo que me provoca la tristeza y el desamor; pero
al mismo tiempo la fuerza para volver a navegar en otros mares.

El amor forma parte de una idealización; en donde se ve a la otra persona como aquél que sabe comprender, la cual llena una vida con el sólo brillo de sus ojos. Pero cuando se enfrenta a la realidad sobre la pareja y se ve más allá de sus virtudes ahora salen a relucir sus defectos; a partir de ello sólo quedan dos alternativas seguir alimentando ese amor y deseo o simplemente huir de eso que no se acepta.

Sin embargo un problema radica cuando una de las dos personas enamoradas se da cuenta de los defectos del otro y decide renunciar a esta. A ello se tiene que la persona que se volvió en objeto de inspiración en un momento y con la cual se trasformaron miles de ilusiones se nos esfuma de las manos el amor mutuo se convierte en desamor, ese que al igual que el primero cala los huesos ahora perturba el entorno, la relación con los amigos, familia, maestros se vuelve intolerable. A la vez se tiene que enfrentar el reto de una nueva vida sin pareja reacomodar metas, sueños y transformar lo perdido en aprendizaje mismo que ayude a curarse de el enamoramiento decepcionado y la mejor terapia que se debe utilizar para sanar las más profundas heridas es el acto de proyección; transformar el dolor, la rabia, la voluntad de desquite o la venganza en pintura, música, literatura, baile; en todas las potencias constructivas que se tienen dentro del ser, es decir dejar sitio para lo nuevo; para ello se debe antes destruir lo que hace daño lo que mata y así convertir el amor en una pasión igual de fuerte que esta; en este caso el odio que servirá como liberación, par finalizar como lo comenta el sociólogo Francesco Alberoni en un estado naciente en donde el mundo viejo pierde su valor y aparece un mundo nuevo. Es así como la transformación va a depender del aprendizaje que haya dejado la relación y de la fuerza que tenga nuestra mente para aceptar la decepción amorosa; sólo se debe dejar que de lo malo se transforme lo bueno y eso depende de la actitud que se tenga ante la vida.